Jue. Ene 20th, 2022
Alfredo Infante

La Nueva Antorcha.- “El tema de la desnutrición es el más grave de Venezuela y me preocupa que incluso agencias internacionales están diciendo que ya las etapas críticas de la emergencia humanitaria compleja se han superado. Estamos en una situación de empobrecimiento del gran porcentaje de la población, pero hay una burbuja económica que hace de cortina y se está excluyendo por vía de la desigualdad a un sector importantísimo: los niños de cero a cinco años que están creciendo con problemas cognitivos. Un daño irreparable para el desarrollo de una generación en el país”, así lo considera Alfredo Infante, sacerdote de la parroquia San Alberto Hurtado y José Gregorio Hernández en La Vega, en Caracas.

En sus 25 años de vida sacerdotal, le ha tocado evangelizar en zonas marcadas por los conflictos armados. Sus inicios fueron como misionero en Angola durante la guerra, actualmente se encuentra en una de las parroquias más violentas de la capital, donde en enero de este año fueron asesinadas 23 personas en enfrentamientos entre policías y megabandas criminales. El intercambio de disparos se incrementó en junio cuando el Estado intentó capturar al pran más buscado del país, el “Koki”, y las bandas del “Vampi” y el “Garbis” aún evadidas de la justicia.

¿Cómo ha sido el reto de ejercer el sacerdocio desde La Vega, zona marcada por la violencia?

Este año, La Vega ha sido noticia por el tema de las bandas armadas y cuerpos de seguridad del Estado, y la población ha estado en medio del fuego cruzado, pero lo más importante de La Vega es que es una zona con una tradición cultural muy fuerte, es una zona con vínculos comunitarios muy consistentes. Lo importante es que esa violencia que ha hecho tanto escándalo y tanto daño no es ejercida por la mayoría de la gente de La Vega, porque la mayoría es trabajadora, pacífica, emprendedora.

¿Cómo ha podido usted brindar esperanza en una zona que en junio fue un campo de concentración?

Por supuesto que hubo una confrontación, por supuesto que hubo una banda, la denominada banda del “Koki” que tuvo una expansión y una penetración y generó desplazamientos, generó confinamiento, generó terror psicológico en la población, pero lo que es importante también remarcar, a veces sólo se ve eso. Lo que hay que remarcar es que aquí en La Vega, que hay aproximadamente unos 120 mil habitantes, y la parte alta de La Vega más o menos son unos 60 mil habitantes, la mayoría es gente emprendedora, gente buena golpeada por estas situaciones de violencia, pero también dispuesta a organizarse, exigir sus derechos y recuperar los espacios que la violencia les quitó.

¿Qué resultado dejaron los operativos de seguridad implementados por el Gobierno contra el “Koki”, el “Garvis”, el “Vampi”? ¿Lograron pacificar La Vega o fue sólo propaganda política?

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Hemos monitoreado que las políticas de seguridad del Estado se trata de políticas letales, represivas que han dejado profundas heridas con la comunidad, y esas heridas tienen que ver con desplazamientos de familias, de jóvenes, pero los jóvenes se encuentran muchas veces en medio de dos violencias.

¿A qué se refiere?

Me refiero a la violencia que generan los operativos de los cuerpos de seguridad del Estado y de la violencia de las megabandas. Porque un joven de barrio para la Policía es un delincuente hasta que no demuestre lo contrario, y eso es muy lamentable porque tendría que ser lo contrario. Y por otro lado, también están amenazados por las bandas criminales. Yo suelo hablar de que hay dos tipos de reclutamiento por parte de estas bandas: un reclutamiento que llamo forzado, que es cuando la banda a través de sus tácticas y estrategias recluta a los niños contra su voluntad, y hay otro reclutamiento que es forzoso, es cuando las condiciones de vida son tan precarias que te ponen en una situación de vulnerabilidad y algunos jóvenes deciden ese camino.

La ONU señala que 7.781.600 venezolanos sufren de hambre. ¿Qué análisis hace de la situación que ha visto en los barrios donde la gente no tiene qué comer?

Ahorita tenemos un fenómeno indignante, que es la desigualdad. Una desigualdad que ya no es la desigualdad típica de este, oeste o norte, sur, independiente de la ciudad, ya no es una desigualdad que tiene una georreferenciación, aunque por supuesto ahorita están surgiendo muchos bodegones, muchas construcciones, hay una economía de burbuja, opulencia, de consumo, se ha reactivado un consumo, pero un consumo que no refleja o que no está vinculado a una economía productiva, el aparato productivo sigue allí estancado. El hambre está quedando mucho más invisibilizada por eso, porque se está diciendo que la economía se está reactivando, pero resulta que es una ficción.

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20% de los niños que ha atendido Cáritas a través del programa Samán ha tenido desnutrición aguda en 2021. ¿Qué le preocupa del futuro de Venezuela, con unos niños que tienen tantas dificultades para alimentarse bien, estudiar, aspirar a un futuro mejor?

Se está creando una cortina de humo que está invisibilizando una realidad de hambre y miseria que vive una gran mayoría del país, que está afectando a muchos niños y cuyo daño como insistentemente ha repetido la nutricionista y defensora de Derechos Humanos, Susana Rafalli, se están generando unos daños que son irreparables, y cuando decimos daños irreparables es que en esa fase de la edad de los primeros años de vida el cerebro se está constituyendo, entonces a la larga va a afectar también el aprendizaje, la capacidad de imaginar, de emprender y por supuesto podríamos estar ante un porcentaje importante de venezolanos que van a entrar en una pobreza estructural.

¿Esa realidad la está intentando ocultar el Gobierno?

Sí, yo creo que el tema de la desnutrición es un tema grave, un tema serio que necesita atención. Por eso es que yo siempre suelo decir que en estos diálogos y negociación que se puedan ir haciendo lo primero que hay que tener, o poner en la agenda es el tema de la desnutrición, es el tema de cómo restablecer el agua potable que también tiene que ver con todo esto, es el tema de la electricidad. Es el tema en definitiva de la gente, porque ahorita muchas, incluso agencias internacionales están diciendo que ya las etapas críticas se han superado, no. Estamos en una situación de empobrecimiento, del gran porcentaje de la población sólo que hay una burbuja económica que hace de cortina y se está excluyendo por vía de la desigualdad a un sector importantísimo de la población.

Los análisis económicos y el Gobierno hacen ver que está llegando inversión extranjera a Venezuela, incluso con la instalación de falsas franquicias. ¿Qué análisis hace de esa situación?

El escenario económico que vivimos no es sostenible en el tiempo. El Gobierno está inyectando al Banco Central de Venezuela muchos dólares para mantener el precio del dólar, que los economistas dicen que realmente debería estar en 10 bolívares, ahorita ronda los cinco bolívares, pero eso es por inyección, y esa inyección de dólares no viene de la productividad del país porque no se ha reactivado la producción, lo que se ha reactivado es la importación y el consumo. Ahorita una de las crisis que tenemos en Venezuela es que producir en Venezuela sale más caro que traerlo importado, entonces seguimos en el mismo esquema rentista, de una y otra manera.

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¿De dónde vienen esos dólares que entran a la economía?

Bueno, uno tiene la interrogante, unos dicen que de todo el tema del Arco Minero, de todo el tema de minas de oro, de la explotación irracional de los parques naturales, del Amazonas, del estado Bolívar también. Bueno, todos esos procesos irregulares y económicos de una y otra manera llegan, están alimentando esa economía oscura que a su vez inyecta esa ficción económica, pero no hay productividad, no se ha reactivado la productividad. Mientras siga siendo más costoso producir en Venezuela que importar, entonces lo que se va a generar siempre son esas economías importadoras que estrangulan la economía nacional y también van generando esas desigualdades internas, entre quienes tienen acceso a la divisa y quienes no tienen.

Antes la iglesia era un refugio para las personas más necesitadas, y ahora hasta a ustedes se les hace difícil conseguir comida. ¿Cómo se las ha ingeniado la iglesia para mantenerse en pie?

La iglesia es un cuerpo histórico que vive de la fe, y en ese sentido las adversidades para la iglesia son momentos también de sacar lo mejor de sí, y de acompañar a la gente a sacar lo mejor de sí. Entonces, por ejemplo, ¿cómo nos las hemos ingeniado?, bueno, en primer lugar la iglesia presta importante servicio históricamente en Venezuela que es la educación, es decir, las organizaciones religiosas como la Compañía de Jesús tiene a Fe y Alegría, que tiene una gran cobertura a nivel nacional, los Salesianos también tienen una red educativa a nivel nacional, entonces ese servicio educativo en las zonas populares se ha visto muy golpeado porque el convenio a nivel educativo que lleva muchísimos años, pero que en este tiempo de la revolución ha sido muy golpeado y se ha visto el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, bueno allí estamos, guapeando, cada vez más las maneras, buscando las estrategias, gracias a Dios sigue la solidaridad de las empresas privadas.
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