Sáb. Oct 23rd, 2021
Luis Almagro no pide perdón

Los periodistas Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira a través de su libro relatan el conflicto venezolano y cuenta las estrategias de la OEA para cercar diplomáticamente al régimen chavista

Agosto de 2015 marcó un duro punto de inflexión en las relaciones entre Colombia y Venezuela. Miles de colombianos fueron deportados del país y las relaciones se tensaron de tal forma que escalaron al plano internacional.

Este incidente marcó el punto de inicio de una serie de fuertes enfrentamientos diplomáticos entre los dos países y una seguidilla de intentos fallidos por promover sanciones más duras contra el régimen de Nicolás Maduro.

El libro de los periodistas uruguayos Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira «Luis Almagro no pide perdón», hacen una aproximación a las movidas diplomáticas contra Venezuela.

Ofrece una respuesta de cómo el incidente de la deportación de colombianos en 2015 marcó la pauta de lo que han sido los intentos por sancionar a Maduro, pero también de cómo el régimen ha logrado esquivar muchos de ellos.

El 19 de agosto de 2015 Maduro ordenó el estado de excepción en Táchira y el cierre de un tramo de los 2.219 kilómetros de frontera que comparte con Colombia, con el argumento de combatir el contrabando y en respuesta a supuestas acciones de paramilitares.

La jugada incluía fundamentalmente la deportación de 20.000 colombianos, que en 48 horas se movilizaron hacia la frontera.

Seis días después de la decisión de Maduro, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, escuchó en Bogotá la preocupación del presidente Juan Manuel Santos y abogó por el diálogo directo entre las partes para resolver el tema e insistió en la importancia de una misión de observación electoral.

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Maduro contestó de nuevo con una negativa: “La OEA debe morir en paz y ojalá Almagro sea el sepulturero”.

Bastó solo un llamado de la canciller colombiana, María Ángela Holguín, a Almagro para que pudieran agendar un encuentro hemisférico de alto nivel en Washington.

Convocaron a una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para decidir sobre la convocatoria a una reunión de cancilleres con el objetivo de abordar la crisis fronteriza. La intención del presidente Santos también era que una misión de la OEA fuera a Cúcuta para conocer la situación en el terreno.

Por primera vez en mucho tiempo la diplomacia hemisférica se empezaba a mover para un voto que se anunciaba dividido. Holguín hizo contactos en toda la región para obtener los 18 apoyos necesarios para que se aprobara la resolución. Pero el régimen aún era muy influyente en el organismo y daría la batalla diplomática.

Cuando habló con la Cancillería de México, Holguín se enteró de que Maduro estaba llamando al presidente Enrique Peña Nieto y calculó que lo estaría haciendo con el resto de la región.

El secretario general y la canciller se pasaron todo ese 31 de agosto, día de la reunión, chateando. Holguín quería estar segura de que contaba con los 18 votos, porque de no ser así no sometería la resolución a votación.

Cuando contabilizaban, les daban la cantidad de apoyos imprescindibles, lo cual era una situación riesgosa, habida cuenta de los movimientos que estaba haciendo el gobernante venezolano.

“Alguien se va a correr”, escribía ella por WhatsApp. Volvieron a chequear y sumaron 18. “Luis, nos lanzamos a la votación”, escribió Holguín. Su embajador en la OEA, Andrés González, y el propio Almagro estuvieron de acuerdo. Pero la intuición de la ministra colombiana estaba acertada.

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Faltando tres minutos para la votación, Holguín recibió una llamada de la canciller panameña, Isabel de Saint Malo de Alvarado, y le advirtió que Maduro había telefoneado al presidente Juan Carlos Varela (Panamá) con el ofrecimiento de saldar la deuda que mantenían con Copa Airlines a cambio del voto.

“Dile a tu presidente que lo llame”, le dijo la canciller panameña. Pero ya era demasiado tarde, y a pesar de un intento de Holguín, la votación ya estaba perdida.

“Con todo lo que piensan de lo que es Venezuela y todo lo que ha pasado. ¿Por un llamado de Maduro es que Varela se va a correr?”, le dijo Holguín. Y así fue. Panamá, que un año antes había sido uno de los tres países que se había movido contra Maduro, ahora decidía mirar para el costado.

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