Dom. Ago 7th, 2022
Juan Villa, Unidad Visión Venezuela

Por Juan Villa Romero

La Nueva Antorcha.– Voces que muestren un camino y propongan una opción viable y realista no cobran relevancia en el debate político.

La política, en su sentido noble, es el oficio de plantear una idea y luego buscar el camino que la haga realidad. Por ello la política es el arte de conciliar lo ideal con lo posible.

Los grandes políticos son aquellos que pueden inspirar un sueño colectivo y luego tienen la capacidad de implementarlo sin comprometer el futuro de esa sociedad.

El demagogo es el que promueve una idea que sabe es imposible de implementar en la práctica.

El populista es aquel que sabiendo que la idea es irreal, destruye las instituciones y lleva a la crisis con la obsesión de imponer lo que sabe que no es posible.

Por ello, desde Unidad Visión Venezuela identificamos a los estadistas –categoría superior de la política– que logran ese balance entre idealismo y pragmatismo propio de los grandes liderazgos. Churchill, De Gaulle, Roosevelt, Adenauer o Merkel forman parte de ese muy exclusivo grupo.

Venezuela está en un momento delicado de su historia. Confluyen en la situación actual señales que pueden reanimar ideales democráticos o terminar de empujar las pocas rendijas democráticas que quedan al abismo.

Enfrentamos una coyuntura caracterizada por una extrema confrontación antipolítica que hace mucho más difícil hacer frente a los retos económicos y sociales que tenemos por delante.

Están los populistas que proponen soluciones simplistas a problemas complejos. Los hay en casi todos los partidos. Obsesionados por obtener o conservar el poder, adoptan cualquier posición que resulte atractiva a quienes creen erróneamente en caminos inmediatistas.

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La irresponsabilidad de esos sectores es total. Unos claman por democratización, pero mantienen un gobierno imaginario al margen de la legalidad. Otros quieren respeto nacional e internacional, pero violan la Constitución al montar obstáculos a gobernadores, alcaldes, concejales y legisladores regionales que emanan de la expresión ciudadana.

Ambos critican la corrupción, pero es lo primero que practican. Se quejan de la injerencia rusa, china y cubana en nuestros asuntos; pero piden medidas coercitivas hacia la Nación.

Impulsan una “reforma” al sistema judicial, pero son los primeros en violar el estado de derecho a favor de determinada parcialidad ideológica. Quieren democracia, pero no hacen absolutamente nada por el resurgimiento de la misma.

Hablan de víctimas de la cuarta República, pero mantienen actitudes hostiles hacia quienes legítimamente discrepamos del estatus quo actual. Piden que la ley se cumpla, pero no hacen nada por ello. Ambos extremos se quedan atrapados en las quejas y repartos de culpas; en lugar de asumir responsabilidades y generar soluciones a los graves problemas que hoy nos ocupan como lo son: la falta de servicios públicos y el alto costo de la vida.

En fin, como dice un dicho: “Ni lavan ni prestan la batea”. No dan el ejemplo. Hacen de ellos la máxima del demagogo: ¡Pidamos lo imposible!

Sin lugar a dudas, que tenemos un país desvertebrado por la corrupción, la escasez de valores y maniatado por intereses mezquinos. Sin embargo nuestro pueblo se ha comportado a la altura, manteniendo la paciencia, cordura y prudencia.  Por ello, desde Unidad Visión Venezuela seguiremos alzando nuestras voces por lo correcto y lo justo, así como podrán seguir contando cada vez con más fuerza con nuestra mano amiga.

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El vacío de espacios para la expresión de liderazgos responsables es angustiante. Voces que, con firmeza y serenidad, muestren caminos y propongan una opción que sea viable y realista no terminan de cobrar relevancia en el debate político. Igual, lo que nos queda es seguir remando hacia adelante, porque los países no se acaban y algún día los que apostamos a lo correcto tendremos el honor y la responsabilidad deser y hacer gobierno.

No nos cansaremos de luchar. ¡Feliz y bendecido 2022 para todos!

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