Mié. Oct 20th, 2021
Habitantes de Güiria

El Caribe como escenario de zozobras y tragedias migratorias de los venezolanos es la razón que motivó a la artista plástica Malu Valerio a intervenir un mural de la Galería Cerquone Projects, en Caracas, para presentar su más reciente obra, Maritorio.

Un collage en memoria de las víctimas de los naufragios de Güiria y que visibiliza otros dramas de esta región del Golfo de Paria como el olvido gubernamental y las mafias que operan como traficantes de droga y trata de blanca, en el que la creadora delinea un territorio que desea mantener presente con su arte para que no se desvanezca como las vidas perdidas en altamar. 

Somos una familia que quería salir huyendo de Güiria es la frase que resalta en ese enorme mural dispuesto como un rompecabezas que muestra la Península de Paria del estado Sucre, parte del Delta del Orinoco y la isla de Trinidad y Tobago como una tríada unida por el mar Caribe en la que naufragan las historias y las vidas de cientos de migrantes venezolanos.

La obra es creación de la artista plástica sucrense Mariangela Valerio, quien prefiere que le digan Malu, y se denomina Maritorio. Como “el neologismo que se utiliza para hablar del territorio marítimo”, explica la creadora. 

En uno de los muros de la Galería Cerquone Projects orientado hacia la calle, varios amigos de Malu comienzan con el performance para ir armando el montaje del Maritorio. Primero delimitan el marco con un hilo grueso. A lo lejos, a unos tres metros, la artista gira instrucciones: 

Una vez listos los márgenes, inicia la instalación de las 60 hojas de papel que en su conjunto componen la obra en honor a las víctimas del tráfico de personas y de los naufragios de Güiria ocurridos en noviembre y diciembre de 2020. También es un tributo a la memoria de quienes aún siguen desaparecidos en la ruta marítima que conecta al estado Sucre con Trinidad y Tobago. 

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Esta obra, además, recuerda a los indígenas waraos desplazados del Delta y el peligro inminente que representa el Buque Nabarima anclado en el Golfo de Paria, que contiene 1,2 millones de barriles de petróleo y podría causar un desastre ecológico si se derrama su contenido en las costas de esta región del oriente de Venezuela. 

Solo quiero un trabajo, cualquiera es la frase que se va escribiendo a medida que van pegando las piezas desde el centro hacia la izquierda del mural. El Golfo de Paria ya está tomando forma sobre el ya terminado Delta Amacuro. El azul de los mapas colorea la pared blanca de la galería.

—Yo nací en Cumaná. Mi familia paterna es cumanesa, así que es una zona muy sensible para mí. Quería hacer un homenaje a esta tierra para tenerla presente, nombrarla, recordarla y para seguir denunciando todas esas cosas que siguen pasando —explica la artista de 38 años que tiene en su haber un Premio Eugenio Mendoza. 

“75% de los hogares de Sucre sufren inseguridad alimentaria” se lee más arriba, también a la izquierda de la obra, cerca del lado de la península donde se encuentra San Juan de las Galdonas. 

—Otro pueblo bellísimo al que es peligroso ir —lamenta Malu. 

Para el montaje del Maritorio todos los convocados debían llevar ropa de playa.

—Por la doble lectura que hacemos del mar Caribe. Es nuestro patio de juegos pero también es el lugar donde pasan estas otras cosas —explica la creadora mientras señala la parte del mural donde dice “4.000 venezolanos han sido víctimas de trata de personas en Trinidad”

Poco a poco se juntan más amigos de Malu en trajes de baño y short para participar en la instalación. No les importa el frío que a primera hora de la mañana todavía pega con fuerza en esta zona del noreste de Caracas, al pie del Ávila. El sol permanece escondido detrás de las nubes. 

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“Detrás de cada migrante hay una historia” es la frase que se roba la visual a medida que el Maritorio toma forma hacia el lado derecho. Está al sur sobre el fondo azul del mapa de la isla de Trinidad, y debajo de ésta se arma una cadena de personas en miniatura tomándose de las manos. 

—Estamos hablando de temas muy duros. Los venezolanos somos muy visuales y es mucho más fácil sensibilizar a la gente por los ojos. Hay que ir más allá del comunicado en prensa —reitera la artista plástica. 

Para elaborar esta pieza Malu dibujó a mano los mapas, las letras y las líneas que representan las rutas de los migrantes en un soporte de papel. Luego los digitalizó y los ensambló en Photoshop.    

 —Lo estaba haciendo todo digital y le faltaba calidez. No hay como el trazo a mano. 

Mientras el rompecabezas del lado derecho del mural va tomando forma, tres peñeros aparecen en la escena en color negro, con pasajeros a bordo, con la proa en dirección a Trinidad. Uno más grande que el otro en este orden: Mi esperanza, Mi recuerdo Mi refugio. Son todos nombres de las embarcaciones que naufragaron en altamar y que zarparon de las costas de Güiria. 

A medida que faltan menos hojas para terminar de armar el Maritorio, el frío sigue sin dar tregua pero las amigas de Malu se quitan las camisas y dejan ver sus trajes de baño. La artista luce un vestido blanco de playa. En el mural, cuatro nombres resaltan entre los demás: Güiria, Golfo de Paria, Boca de Dragón, Trinidad. 

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—La idea es que hablemos del tema, que recordemos lo que está pasando, que los nombremos y que difundamos también toda esa situación —cuenta Malu con evidente emoción a las personas que se acercan a ver la obra—. Tengo un año trabajando en las aguas territoriales, pensando en el mar Caribe y todos los acontecimientos del 2020. Con todo el tema de Güiria me dije “tengo que hacer algo con esto” y aquí está. 

“40.000 migrantes venezolanos” dice al norte de Trinidad, cerca de Puerto España. Más abajo, en letras muy pequeñas, se lee el listado de las víctimas del naufragio del 6 de diciembre de 2020. Para adherir cada una de las hojas del mural utilizan almidón de maíz con un refuerzo de cola; lo aplican con una brocha sobre la pared y luego sobre el papel. 

—Esto es lo que se usa para empapelar en la calle— comenta Malu sonriente. 

Desde que llegó a la galería no hace más que sonreír y abrazar a cada uno de sus amigos. En esta playa urbana beben vino y se sientan en mantas sobre la acera. Al lado de ellas, el mural está casi listo. 

Malu se sube a la escalera y pega las dos últimas hojas en el lado superior izquierdo de su obra. En ellas se lee “Estado Sucre»

Todos aplauden y sonríen. 

Maritorio está terminado y permanecerá en esta pared por tres meses, como parte de la exhibición “Fresco”, una muestra colectiva de 13 obras con museografía de Jonathan Lara y texto expositivo de Manuel Vásquez. 

Al mediodía el sol al fin sale con fuerza de entre las nubes. “¡Llegó!”, gritan. Y Malu canta “pa’ que se seque, pa’ que se seque”.

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