Mié. Oct 20th, 2021
Miseria

Tierra, agua, palos de bambú, tablas y zinc es lo que se necesita para construir una vivienda, paradójicamente, más segura en Venezuela.

Entre estas paredes y en condiciones muy precarias viven decenas de familias en el barrio San Isidro, ubicado en el este de Caracas, tras huir de la violencia en Güiria, su pueblo natal, en el oriente del país.

La villa, situada en la costa nororiental venezolana, específicamente en el estado Sucre, conocido por la pesca y, otrora, por el turismo, ha dejado de ser una zona tranquila, según relataron estos desplazados que añoran su antigua vida.

Aseguran que regresar a su pueblo no es posible porque las bandas y la delincuencia organizada han tomado el control de la zona y los «inocentes han pagado» un alto precio.

En medio de la resistencia a contar lo que sucede por temor a represalias contra ellos o sus familiares que aún viven en Güiria, los habitantes del sector Las Piedras de San Isidro recuerdan, con nostalgia, la paz que hasta hace unos años había y que ahora -sostienen- se ha convertido en un intercambio de disparos.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el país caribeño es, actualmente, el que computa mayor número de muertes violentas en Latinoamérica. Durante 2020, se registraron 11.891 fallecidos, lo que implica una tasa de 45,6 por cada 100.000 habitantes.

Se establecieron en un terreno baldío en el que, en años anteriores, funcionó una estación de servicio que fue desmontada al cesar operaciones. El espacio iba a servir para la construcción de una cancha, pero fue invadido por estas familias que llegaron a la capital venezolana sin recursos para costear una vivienda.

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Algunos ya llevaban tiempo viviendo arrendados cerca de la comunidad y fueron ellos los que comenzaron a invadir el espacio hace dos años. Ahora, continúan llegando familiares que renunciaron a sus casas confortables en Güiria, donde, además, el alza del costo de los alimentos y la caída de la pesca ante la escasez de gasolina se hicieron insoportables.

«Esto aquí es bien», sostuvo la señora Lubirda Hernández en una conversación con Efe en la pequeña y humilde vivienda de su hermana, al tiempo que reconocía que sus condiciones de vida no son mejores que las que tenía en Güiria.

Hernández aún no vive en Las Piedras, pero su día a día transcurre allí porque su hermana habita en el sector y porque también comenzó, hace más de un año, la construcción de su hogar, que hoy se encuentra paralizada por no contar con recursos para adquirir materiales.

Las viviendas son de 42 metros cuadrados y el terreno se encuentra rodeado por una maleza de la que comúnmente salen animales.

«Ahorita para nosotros no es mejor; quisiéramos estar allá (en Güiria), pero nosotros, más que todo, nos vinimos salvándole el pellejo a los muchachos de nosotros», indicó Hernández, quien agregó que en su pueblo natal hay bandas que controlan la zona.

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